Uno de los mayores errores sobre la política feminista es, según Diene Keita, “pensar que solo concierne a las mujeres”. “Trata de la igualdad de género, de hombres y mujeres”, afirma la directora ejecutiva del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), el organismo encargado de promover los derechos sexuales y reproductivos, que acaba de visitar Madrid para participar en la V Conferencia de Política Exterior Feminista.
En un momento de creciente contestación de los derechos de las mujeres y de recortes en la ayuda internacional, Keita, nacida en Guinea hace 61 años, recuerda que todavía siguen muriendo cada día 800 mujeres por “causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto”. “Es como si se estrellara cada día un avión jumbo lleno de pasajeros”, dice para mostrar la dimensión de la tragedia. Y lanza una advertencia: “Cada generación tiene que luchar por sus derechos porque puede perderlos”.
Pregunta. ¿Qué es para usted la política exterior feminista?
Respuesta. La política exterior feminista no trata de las mujeres, sino de la igualdad de género. Significa crear un mundo en el que todas las políticas y todas las inversiones, tanto dentro como fuera de un país, estén basadas en la igualdad. Cuando hablamos de igualdad de género, hablamos de hombres y mujeres. Hay 1.900 millones de jóvenes en el mundo, y de ellos 1.000 millones son mujeres jóvenes que necesitan servicios de salud sexual y reproductiva y que se enfrentan a hombres jóvenes que también necesitan servicios de salud sexual y reproductiva. Hoy la palabra “feminista” no significa lo que significaba en 1968: simplemente significa tener la arquitectura de género en la mente.
P. Sin embargo, las mujeres siguen siendo quienes más sufren en contextos de crisis.
R. Es cierto. Son el objetivo más fácil. Una niña puede ser atacada de camino a la escuela o no disponer de un lugar seguro para ir al baño. Puede sufrir violencia sexual, quedarse embarazada demasiado joven y morir por complicaciones relacionadas con el parto. Y, si no muere, sufrirá una fístula obstétrica (una lesión causada por complicaciones durante el parto que puede dejar secuelas permanentes). Por eso, la política feminista protege tanto a hombres como a mujeres, porque les permite acceder a servicios de salud sexual y reproductiva y a la educación necesaria para tomar decisiones sobre su futuro. Si no hacemos eso, nunca habrá un futuro para las próximas generaciones.
P. ¿Qué papel tienen los hombres en la construcción de una política feminista?
R. Un papel fundamental. En Afganistán, por ejemplo, tenemos ambulancias y espacios seguros para llegar a las mujeres que viven más aisladas. Y la mayoría de las personas que las llevan hasta esos espacios son hombres. Por eso la colaboración con hombres y niños es esencial. Si las mujeres tienen que trasladar a otras mujeres en Afganistán, ambas pueden estar en peligro. También trabajamos con ellos en otros países. En algunas zonas de África existen escuelas de maridos para explicarles qué hacemos y cómo pueden apoyar a las mujeres de sus comunidades. A veces estos programas parecen pequeños desde fuera, pero marcan una enorme diferencia.
P. ¿Recuerda algún caso que ilustre ese trabajo con los hombres?
R. Recuerdo el caso de una niña de 13 años que sufría una fístula obstétrica tras dar a luz. Su marido tenía 40 años y vivían en una zona remota. Cuando la llevaron al hospital, pudimos tratarla y él permaneció allí durante 15 días. Le explicamos qué le había ocurrido. Lloró y dijo: “Voy a llevar esto de vuelta a mi aldea. Esto no volverá a ocurrirle a una mujer joven”. Esa es la realidad de nuestro trabajo sobre el terreno: es discreto, íntimo y trata de cambiar vidas. Para mí, esa también es la política exterior feminista.
En algunas zonas de África existen escuelas de maridos para explicarles cómo pueden apoyar a las mujeres de sus comunidades
P. ¿Cómo se defiende la igualdad de género en un momento de reacción contra el feminismo y los derechos de las mujeres?
R. Mi mandato al frente del UNFPA consiste precisamente en promover la igualdad de género y situar la salud y los derechos sexuales y reproductivos en el centro de las políticas públicas. Mi trabajo es ayudar a que gobiernos y sociedades comprendan lo que esto significa para la vida de las personas. No se trata solo de tener una gran carretera financiada por la Unión Europea, sino de asegurarse de que las mujeres puedan acceder a ella. A menudo la gente solo ve una parte de nuestro trabajo, como la lucha contra la violencia de género o contra la mortalidad materna. Pero también ayudamos a formar matronas, enfermeras y médicos y a garantizar que los servicios lleguen hasta las comunidades más alejadas.

P. ¿Por qué siguen muriendo tantas mujeres por causas que pueden evitarse?
R. Cada día mueren 800 mujeres por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto. Es como si se estrellara cada día un avión jumbo lleno de pasajeros. Y 500 de ellas están en zonas de conflicto. Las 300 restantes mueren porque, o bien siguen en casa y no hay personal cualificado que atienda el parto, o porque cuando llegan al hospital nadie las atenderá. Algunas también llegan al hospital y hay alguien que las atiende, pero como su embarazo no ha sido monitoreado de forma adecuada, tendrán hemorragias y también morirán. Cada paso es importante para evitar lo “prevenible”. No se trata de preocuparse solo por las mujeres. Simplemente, las mujeres corren más riesgo con más frecuencia.
P. ¿Qué habría que hacer para evitar esas muertes?
R. El primer elemento fundamental es la planificación familiar. No porque se quiera reducir o aumentar la población, sino porque las personas deben tener la posibilidad de decidir cuándo tener hijos y poder cuidarlos. La planificación familiar salva vidas y, aun así, sigue encontrando resistencias. También es fundamental que los países inviertan en sus propias cadenas de suministro de anticonceptivos, complementando el apoyo de los países donantes.
P. ¿Qué impactos están notando en el terreno tras los recortes en la ayuda humanitaria y al desarrollo?
R. Los recursos están disminuyendo y cuando tenemos menos dinero, llegamos a menos personas. También es nuestra responsabilidad ayudar a promover una financiación innovadora mediante la participación del sector privado y la movilización de recursos internos de los países receptores. Por eso creo que la política exterior feminista también implica construir una mejor economía de los cuidados. En los países desarrollados puede significar más tiempo para cuidar a un bebé. En contextos de crisis significa garantizar espacios seguros donde las mujeres puedan dar a luz sin miedo.
Vamos a ser la generación que pierda todo lo que se ha conseguido hasta ahora? De ninguna manera
P. ¿Le preocupa que los derechos conquistados puedan retroceder?
R. Mucho. Cada generación tiene que luchar por sus derechos porque puede perderlos. No podemos limitarnos a apoyarnos sobre los hombros de la generación anterior. Ellos ya hicieron su parte. ¿Vamos a ser la generación que pierda todo lo que se ha conseguido hasta ahora? De ninguna manera. Pero también tenemos que aprender de los jóvenes. Los padres pueden transmitir la experiencia y la tradición, pero las nuevas generaciones tienen que explicar cómo es el mundo que están construyendo. Nuestra responsabilidad es estar lo suficientemente abiertos para escuchar. Ese es el desafío de la política feminista.
P. Existe un clamor para que la próxima persona que dirija Naciones Unidas sea una mujer, después de 80 años con hombres al frente. ¿Qué opina?
R. Yo lo que quiero es que quien ocupe la secretaría general de la ONU sea el mejor candidato.




