Pat Dunn estaba en una situación desesperada cuando llegó a los 70 años de edad: su esposo acababa de morir de manera repentina y su pensión de enfermera retirada no era suficiente para pagar un arriendo en la cada vez más cara provincia de Ontario, Canadá.
“No había sitio donde yo pudiera vivir sola”, le cuenta a Datshiane Navanayagm, presentadora del programa The Conversation del Servicio Mundial de la BBC, “y me tocó empezar a considerar vivir acompañada”.
Fue cuando, inspirada por una famosa serie de televisión norteamericana de los años 80, The Golden Girls, Pat se dio a la tarea de buscar, a través de las redes sociales, mujeres que estuvieran pasando por circunstancias similares para ver si podían empezar a cohabitar.
“Hacia el final del primer mes de crear mi grupo de Facebook, tenía 200 miembros”.
Hoy, ese grupo en internet ha crecido hasta convertirse en una ONG -con más de 2.000 miembros en Canadá- llamada Senior Women Living Together (Mujeres mayores viviendo juntas).
E iniciativas como estas están empezando a aparecer en otros lugares también.
Cuando Hanne Nuutinen se mudó de su natal Finlandia a Francia , por ejemplo, ayudó a fundar La Joie Home Base (Sede central La Alegría), un hogar para que mujeres de todo el mundo se puedan quedar por distintos periodos de tiempo.
“Lo llamamos ‘vivienda conectada’ y es una manera más holística de vivir juntas”, le explica Hanne al programa. “La cohabitación, en general, es un espacio en el que puedes ser tú y vivir y compartir con otras.
En The Conversation, ambas mujeres explican las razones que las llevaron a buscar este nuevo estilo de vida y relatan sus experiencias viviendo con mujeres completamente ajenas a ellas.
Los años dorados
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En la serie de comedia estadounidense de los años 80 The Golden Girls (“Los años dorados” o “Las chicas de oro”), cuatro mujeres -tres de ellas entre los 50 y 60 años de edad, y una de 80- se van a vivir juntas respondiendo a un anuncio clasificado.
Cuando Pat describe su hogar actual, podría estar dando la sinopsis del programa que la inspiró a cohabitar, pero adaptado a Canadá y en 2026.
“Vivo con dos mujeres a las que no conocía hasta que abrí el grupo de Facebook. Una de ellas es un año menor que yo, nunca se casó y nunca tuvo hijos”, cuenta.
“Y la otra es más joven, todavía a mediados de los 60: se casó varias veces, pero nunca tuvo hijos”.
Dice que el “acoplarse” les tomó un periodo de aproximadamente cuatro meses y todo partió de ser sinceras entre ellas.
“Nadie quiere vivir cauteloso en su propio hogar, así que es importante ser sincera y decir ‘pues esto puede ser una cosa pequeña pero me irrita de manera infinita y es mejor que lo hablemos'”.
Para Hanne, ese compartir cotidiano era precisamente lo que estaba buscando cuando se aventuró a buscar espacios para cohabitar, después de vivir como madre soltera durante 10 años.
“Se trataba de tener apoyo en la vida diaria y compartir esas experiencias, compartir esas vidas que vivimos, ya sea que trabajemos o estemos retiradas”.
Y añade: “Simplemente era difícil hacerlo todo sola, y quería compartir los altibajos de la vida”.
Hanne dice que su decisión llegó cuando se dio cuenta de que estaba entrando en lo que definió como “la parte Q3 [el tercer cuarto] de la vida”.
“Normalmente empieza de los 50 para arriba, pero esa etapa puede representar o la mitad de nuestra vida o un tercio de ella, eso es mucho tiempoW.
“Y para esa edad, ya hemos experimentado la vida y nos hemos formado a nosotras mismas, sabemos qué queremos y quiénes somos y la vida que, de alguna manera, queremos vivir”.
Diferentes tipos de cohabitación
Fuente de la imagen,La Joie homebase
Una parte importante que Pat y Hanne vinieron a entender temprano en su experiencia viviendo con otras mujeres es que no todas las personas tienen la misma tolerancia para compartir sus espacios personales.
Además, cada mujer que acude a esta solución de vivienda lo hace por motivos distintos y con expectativas diferentes, lo que ha llevado a la aparición de estilos de cohabitación diversos.
El hogar de Hanne, por ejemplo, sirve para recibir mujeres mayores de 50 años en comunidades localizadas en distintos países de Europa: arrancaron con una instalación en el sur de Francia y ahora tienen bases en Italia, España y Marruecos, con la intención de expandir.
“Cuando hicimos investigación de mercado, nos dimos cuenta de que estas mujeres, de todas partes del mundo, desean tener algo de tranquilidad en sus vidas, además de la comunidad”.
Estas bases que Hanne co-creó con su socia también ofrecen flexibilidad: se les permite a las mujeres vivir en ellas de manera temporal, ya sea semanas o meses.
“Lo que nosotras ofrecemos y hacia lo que nuestro servicio está más dirigido es a esas mujeres de clase media alta que quieren tener atención y flexibilidad”.
El grupo de Pat es distinto: el grupo que abrió en Facebook hoy cuenta con unas 2.800 mujeres miembro y no todas las historias son esperanzadoras.
“A veces son muy tristes, cuando oigo sus historias de vivir en sus autos, por ejemplo, y que no les cuentan a sus hijos por la vergüenza que les genera…
“Estas historias no son agradables de escuchar, pero me convencieron aún más de que si tenía que dedicarme a algo el resto de mi vida, era ayudar a estas mujeres”, subraya.
Dar el salto
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A pesar de las penurias que han tenido que pasar muchas de las mujeres que hoy pertenecen al grupo de Pat, a muchas les dio miedo dar el salto a cohabitar con otras mujeres.
“Siempre digo que no es para todo el mundo y les recomiendo: ‘No tienes que hacer esto’, ‘piénsalo un poco más'”, explica Pat, que asegura que el factor de la incertidumbre pesa bastante sobre muchas mujeres que se están planteando la cohabitación.
“Intento animarlas a que empiecen a hablar con otras mujeres de su zona de Ontario, organizamos reuniones. No hacemos ningún trabajo de convivencia en el grupo de Facebook, es solo para debatir, así que intento plantear varias preguntas que sé que preocupan a la gente”.
Pat tiene claro que su plataforma no existe para conectar a las mujeres, sino para brindarles recursos para que lo hagan entre ellas mismas, si decidieran hacerlo.
“Solo proveemos la plataforma: esto es lo que puedes hacer, los artículos que debes leer, información de apoyo. Pero tú tomas la decisión”.
En los hogares de Hanne existe un proceso de “selección”, en el cual se aseguran de que las aspirantes “estén listas para la comunidad, porque no todas lo están”.
“Algunas entienden que a lo mejor no es para ellas o de pronto en algunos meses cuando tengan los recursos o cuando estén listas física o mentalmente para ello”.
Y también debe explicarles que los hogares no cuentan con ningún tipo de asistencia de enfermeras o personal médico: “Ese es otro negocio, no el nuestro”.
Convivencia
El grupo de Pat está repleto de dudas sobre cómo vivir la vida cuando se cohabita con extrañas: “las cosas obvias, cocinar, limpiar, cómo se hace mercado, cómo se paga la renta,… todo eso”.
“También hablamos de temas relacionados con la edad: ¿qué pasa si una de nosotras se enferma o si tiene que ir al hospital, o a un hogar geriátrico?, ¿qué pasa si vemos señales de demencia?.
“Hay que considerar todos esos factores”, dice.
Además hay una sección importante sobre cómo mantener relaciones sanas, poner límites, maneras de comunicarse.
En los hogares base de Hanne, según explicó, el proceso de selección de las mujeres es clave para asegurar que la convivencia se dé de manera tranquila.
Además, está la figura de “la anfitriona”, quien sirve de moderadora en caso de que surjan roces.
“En el proceso de que lleguen al hogar, presentamos a las mujeres por videollamada para que todas sepan quién viene, y medio las encajamos suavemente para que tengan intereses similares o actividades parecidas”, explica.
“A veces lo más difícil en la vida es compartir tu hogar con alguien”, recuerda Hanne.
Pat relata que la mayoría de los casos de éxito que ha presenciado se dieron en situaciones en las que las mujeres que van a cohabitar están en una situación de paridad de condiciones.
“Historias de éxito de dos o tres, o cuatro mujeres que se conocen entre ellas en nuestro sitio, deciden irse a vivir juntas, y las ayudamos a que busquen un lugar para alquilar”.
Reitera que es más difícil cuando una mujer, dueña de propiedad, recibe a otras para que convivan en el mismo espacio: “Puede haber un desequilibrio de poder desde el principio, dependiendo de la personalidad de la propietaria”.
“Les ayudamos a ver esto más como una amistad que desean construir con estas mujeres y cómo lograrlo dentro de la realidad de los hechos”.
Otras relaciones
Como estas mujeres están decidiendo compartir sus hogares con extrañas, también existen limitaciones sobre quiénes pueden entrar en las casas y quiénes no.
Pat dice que muchas de las mujeres en el grupo son tajantes a la hora de prohibir visitas de novios, o cosas parecidas, mientras que otras no tanto.
Y luego están los hijos. Tanto Pat como Hanne son madres, y han tenido que compartir sus experiencias de vivienda colectiva con ellos.
“Mi hija todavía es muy joven”, dice Hanne, “es una adolescente y ha tenido el placer de estar conmigo en una de estas bases, algo raro porque no permitimos que vengan niños.
“Pero por ejemplo, en Navidad hay más familia y amigos, y pueden venir hijos y amigos y novios si quieren. Ella pudo experimentar eso y realmente le encantó”.
Los hijos de Pat son mayores, y la que más la apoya es la menor: “Cuando le conté que estaba haciendo esto, cuando empecé me dijo: ‘Mamá, eres lo máximo’,”.
“Pero tenemos miembros que hablan de algunos de sus hijos, hijos adultos, que se preocupan por que sus mamás estén haciendo esto”
Para Pat, en un lugar como Ontario, donde dice que existen 150.000 mujeres mayores viviendo en la pobreza, es clave que existan estos espacios de cohabitación.
“Estamos empezando a recibir el apoyo de constructores y dueños de propiedades (…) y estamos interesando seriamente a los miembros del Parlamento”.
Para Hanne, la experiencia de conectar mujeres ha sido inmensamente gratificante, hasta cambiarle la vida.
“Es un sueño hecho realidad vivir en lugares distintos, según la temporada o el negocio. Me permite tener la vida que siempre quise, sin estar amarrada en un solo sitio”.
Para Pat, el cambio ha sido igual de radical.
“Pasé de encontrarme desesperadamente aislada y aterrorizada de quedarme sin casa, a tener un hogar seguro con mujeres con las que puedo charlar y sentirme segura y divertirme, y de paso, me queda dinero en el banco”.
“Pasé de sentirme sola las 24 horas, a nunca sentirme sola otra vez”, concluyó.
*Esta es una adaptación al español de un episodio del programa The Conversation, del Servicio Mundial de la BBC. Para oir la emisión en inglés, haz clic aquí.




